Por: Eduardo Sánchez Mier y Concha
Las tecnologías a distancia se han convertido en algo cotidiano en estos días, pero muchas personas aún no han aprovechado todos los beneficios que estos avances puedan brindarnos.
En materia educativa, las diversas ofertas académicas han hecho que estudiantes al rededor del mundo tengan la oportunidad de prepararse en línea mientras se desarrollan laboralmente o atienden otras actividades.
Las aulas virtuales permiten que el estudiante pueda organizar su tiempo y haga sus investigaciones y tareas de acuerdo a su modo y ritmo de vida.
Esto le da al estudiante el empuje necesario para querer esforzarse, de manera que lo aprendido sea porque él mismo quiere hacerlo sin estar limitado a esquemas de tiempo y espacio definidos.
Las dinámicas que pueden surgir entre el alumno, compañeros y docentes pueden ser bastante constructivas ya que la información que se comparte va enfocada al interés real de la clase. El alumno debe aprovechar los diferentes medios de comunicación digital (foros, correo electrónico, mensajería instantánea) para mantener el ritmo, resolver dudas, compartir información y avanzar en los temas del programa.
El estudiante al ser responsable de su propio aprendizaje, debe de involucrarse de lleno en las actividades, investigar en diversas fuentes físicas y digitales y participar para que de esa manera el docente pueda elaborar una correcta evaluación y continuar avanzando a lo largo de los temas.
